“En la medida en que el consumo de energía por unidad de producto producido o de servicio prestado sea cada vez menor, aumenta la eficiencia energética”

La eficiencia energética es una práctica que tiene como objeto reducir el consumo de energía.  Como norma general, la palabra eficiencia se vincula directamente a las prestaciones de los equipos consumidores de energía, expresando el término en rendimiento de manera que cuanto más alto sea éste, más eficiente es el equipo.

Siendo el rendimiento el principal indicador de la eficiencia, conviene recordar que existe otro factor muy importante y que igualmente influye directamente en la eficiencia de los equipos: el factor humano.  De los individuos, y por extensión de las organizaciones e industrias que son consumidores directos de la energía, depende el buen uso y correcto mantenimiento de los equipos de tal manera que combinando ambos factores se pueden reducir el consumo energético logrando así dos objetivos fundamentales:

  • Ahorro económico.
  • Beneficio medioambiental.

 

Al margen de estos dos factores decisivos, en la actualidad disponemos de herramientas que nos ayudan a mejorar la eficiencia energética desde diferentes ángulos dependiendo de casa situación y cada caso particular. Además del rendimiento de los equipos y del comportamiento humano hay un tercer factor que completa la mesa sobre el que se asienta la eficiencia energética: la disminución de la demanda.

Las auditorías energéticas en industrias y comercios y los certificados de eficiencia energética en viviendas y locales nos ayudan a conocer la demanda energética y cómo la manera en que se está cubriendo, con el objetivo de analizar el conjunto para proponer la solución más adecuada:

  • Optimización de los equipos existentes.
  • Sustitución o mejora de los equipos existentes.
  • Mejora de la envolvente.
  • Integración de energías renovables.

jabb@2015